La lectura y la computación son mis recurrencias; la escritura un ejercicio por si Dios no existe.

miércoles 12 de septiembre de 2007

Reticente Identidad

Sentado en su escritorio, sin torcer el cuello, miraba hacia arriba como si mirase sobre unos lentes que no poseía. En su mano izquierda sostenía un papel que momentos antes le habían entregado. Desde donde Jorge estaba se diría que se le blanquearon los ojos. Jorge se preguntó cuánto tiempo podría sostener esa actitud ante la secretaria, Angélica, que de pie e inquirida, no se le movía un pelo. Tal vez porque ignoraba lo que el tipo quería saber. Tanta inmutabilidad quedó trunca cuando ella dijo:
- Capaz que me lleve toda la mañana y las cosas que...
- Dejalo todo para más adelante.
Ella manoteó la hoja y se esfumó con un "veremos que pasa".
El director de periódico se volvió hacia Jorge y preguntó:
- ¿Cómo fue que te metiste en esta? No tengo porqué darte esta información.
- El honor de una persona de bien está en juego - Dijo Jorge lamentándose íntimamente de cómo desde hace un tiempo a esta parte dice las cosas de memoria.
Esteban, que mitad justicia y mitad azar, ahora es el director del diario; se había muerto de hambre junto a Jorge en las facultades de Rosario, le conocía alguna que otra hilacha y sabe cuando Jorge anda con pocas ganas de esgrimir alegatos.
- ¿Honor?
- Sí; es lo que dice la demanda y dejate de joder. - Responde el pulido y trajeado filósofo, disidente, carente de voluntad y que ya no mete las manos en el fuego por su otro yo abogado.
- Si le pasa algo te juro que vas en cana, como por un tubo.
- No creo que lleguen a ese extremo, aunque no conozco a la gente que les financia la campaña.
- ¿Y vos?
- ¿Yo?, el diez por ciento.
- No. Me refiero a cómo te vas a despegar de todo esto.
- Tenemos bardo para rato.
Impasible y hamacándose Esteban consentía. Después de todo la "infamia" había sido publicada en su diario.
- Ustedes pueden morder una tajada de todo esto -, continuó Jorge - publicando una disculpa y dejando en claro que la opinión de este tipo no es necesariamente la de Uds.
- Jorgito, Jorgito - Suspiró Esteban - De revolucionario a traficante de sobornos. - Apuñaló en su vaivén contemplativo.
- Se le denomina "Instancia de Reconciliación"; donde las parcialidades se sinceran enfatizando la imparcialidad de sus juicios. - Ensaya feliz Jorge, sabiéndolo a Esteban amante de las ironías. Luego, con fastidio añade - ... Me estoy aburriendo, loco. Por qué dejaste que me meta en Derecho.
- Dijiste que los quilombos son un buen negocio.
- ¿Y por casa?
- Ya no sé qué hacer para vender justicia poética y esperanza a mediano plazo; disfrazando todo esto de una emotividad objetiva. Estamos en una década de vacunados. Ya no cambian oro por espejitos, esa es una clase en extinción. Ya no invierten en escándalos; si ponen un mango es por un poco de vida o al menos para asistir a la agonía de la muerte. O vos te crees que a alguien le importa que este coso, que se postula a concejal, ande por ahí gorreando a la patrona o que todos ignoren cómo logra que su cara esté en cada poste de luz de la ciudad. Al único que parece importarle es a él, que te manda con un monto, que por cierto, yo que el cronista, lo mando ya sabes a donde...
- Por lo menos tus mentiras dopan alguna que otra desesperanza.
Se quedaron en silencio. Esteban mirando la corbata de Jorge y Jorge algo sobre el escritorio. Hace tiempo, cada uno salió a buscarse a sí mismo y hoy por hoy, aparentemente, no les agrada lo que encontraron.
Bruscamente se incorpora Jorge, en pos de una urgencia que no necesitaba justificar, toma el picaporte y abre la puerta que da a un pasillo y propone:
- Hagamos una cosa. Les voy a decir que tengo la dirección. Si me la piden y tratan de dejarme a fuera, te aviso; y al guaso no lo entregamos, de todos modos mi comisión me la gano.
- Estaba pensando que en una de esas me conviene apoyarlo.- Responde Esteban - Dado el esmero que ponen en ubicarlo.
- ¿Qué opinas?, lo pateamos Ad Infinitum.
Esteban se encogió de hombros y optó:
- ¿Qué es más lucrativo?: la demanda o esto.
Lo último que quedó de Jorge en ese despacho fue la sonrisa de asentimiento.
Más tarde ingresa Angélica y encuentra a Esteban y su eterno pendular. Le entrega la dirección y se dispone a huir cuando Esteban la para en seco con el más increíble de los cuestionamientos.
- Decime, Angélica; a vos... o sea, ¿te gusta lo que haces o lo que sos?, digo, profesionalmente.
- Me vas ascender o me vas a rajar.
- No, en serio.
Cincuentona y caderuda, Angélica, que ya ha renegado con los dilemas existenciales de sus hijos, intuyó por donde venía la mano.
- No y si, no lo sé; lo valoro, pero quisiera hacer otra cosa. No, creo que no, gracias a Dios que no. Voy a esto, si tuviera lo que quisiese o sería lo que se me antoje... ¿después qué?
Inesperadamente sabia, Angélica recuerda su propósito de huir de esa estancia y se dedica a ello.
Esteban se queda degustando este giro y pensando de que no estaba tan equivocado, que al fin y al cabo la vida es la distancia que hay ente hoy y la reticente identidad de cada uno. "Es bueno no encontrarse" sentenció este errante y hábil pescador que, una vez más, se dispone a revolear su red en la mar de los quilombos.